La Escuela, un faro en medio del conflicto en Medellín

17 Apr 2013
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A propósito del panel "La escuela, un faro en medio del conflicto", realizado el pasado 21 de marzo de 2013 en el Auditorio de Proantioquia, compartimos el Editorial de Piedad Restrepo, Directora de Medellín Cómo Vamos, quien moderó este espacio de reflexión con tres rectores de instituciones educativas de Medellín.

La escuela, un faro en medio del conflicto

 

La Red de Gestión y Calidad Educativa invitó al Programa Medellín Cómo Vamos el pasado 21 de marzo a moderar el panel "La escuela, un faro en medio del conflicto" cuyo propósito fue el de ampliar la discusión sobre la capacidad de acción que tiene la escuela bajo contextos de conflicto.

Fueron invitados al panel tres rectores de instituciones educativas de la ciudad de Medellín: Carlos Enrique Rojas Sánchez, Rector de la Institución Educativa –IE- Débora Arango, ubicada en Belén, corregimiento de Altavista, Rocío Helena Cadavid Fernández, Directora de la Corporación Escuela Empresarial de Educación, con colegios ubicados en los barrios La Sierra y Esfuerzos de Paz, comuna 8 y Luis Guillermo Carmona Baena, Rector de la IE Fe y Alegría El Limonar, ubicada en el barrio El Limonar, corregimiento de San Antonio de Prado. Ellos compartieron sus reflexiones en torno a tres preguntas planteadas por la coordinación de la Red, a saber: ¿Qué estrategias educativas han implementado las instituciones, para afrontar las consecuencias derivadas del conflicto y la violencia que se presenta en el contexto de la institución educativa?, ¿Qué han aprendido y como se ha transformado la institución educativa bajo estas condiciones de conflicto? Y con base en la experiencia, ¿qué recomendaciones haría la institución a otras instituciones que viven situaciones similares?

Antes de la intervención de los rectores, el programa realizó una reflexión en torno a la concepción de la calidad educativa y su relación estrecha con los contextos, especialmente críticos en algunas zonas de la ciudad. Como con otros conceptos que involucran variables sociales, no existe consenso sobre lo que significa la calidad educativa, ni mucho menos cuáles son los indicadores ideales para medirla, incluso algunos, de forma escéptica, señalan que no es posible medirla. Lo anterior se explica en gran parte porque los procesos educativos son por definición de alta complejidad: son muchos los actores involucrados, como también muchos los elementos en juego.

El Icfes, como entidad encargada de la medición y seguimiento a la calidad de la educación en Colombia, ha definido como calidad educativa "la capacidad del sistema para lograr que todos o la gran mayoría de los estudiantes alcancen niveles satisfactorios de competencias, las cuales incluyen el desarrollo de potencialidades (autorrealización), la participación en sociedad (convivencia), el desempeño en el ámbito productivo (competitividad) y el desarrollo y la equidad" Muchas tareas..., muchas responsabilidades....

Pero esas múltiples responsabilidades no corresponden únicamente a la Escuela. Y es que justamente la complejidad del proceso educativo en una sociedad radica en que son múltiples los espacios que influyen sobre él. Así, desde lo micro a lo más macro, tenemos el aula donde en esencia se ponen a prueba con mayor énfasis los procesos pedagógicos, la escuela con todos los insumos con que cuenta, remarcando en ella el papel de losmaestros y maestras y todo el personal de apoyo con que cuentan, también está la familia, el hogar y todas sus variables socioeconómicas asociadas y está el contexto más cercano a la escuela, el barrio, los barrios, la comuna para el caso de Medellín; todo bajo un marco institucional y legal que no se puede dejar de lado.

Precisamente, la interrelación que ocupó la discusión en el panel fue el de la escuela y el contexto de barrio. Específicamente, la capacidad de la escuela bajo contextos de conflicto como los que ha vivido Medellín en más de tres décadas, con actores distintos, que se transforman, que mutan, pero que no se extinguen, y que en todos los casos tienen algo en común: son generadores de violencia, con enormes efectos negativos sobre los procesos educativos en la ciudad: abandono de la escuela, repitencia, desmotivación en los aprendizajes, estrés, emulación de conductas violentas al interior de la Escuela, entre otros, pero el más importante de todos es la muerte de niños y jóvenes, la destrucción de vida en plena formación.

La escuela como sitio de encuentro, de aprendizajes, de interacción social, en muchos sitios de nuestra ciudad se ve enfrentada a estos contextos adversos.

¿Cómo pedirle entonces a estas escuelas que cumplan uno de sus objetivos misionales, referidos a potenciar en los niños y adolescentes la participación en sociedad bajo los parámetros del respeto a la vida y la dignidad humana como imperativos éticos del accionar social, cuando viven, ven y padecen los horrores de la violencia, cuando son tocados a diario por ella?

Es ahí donde el panel cobró sentido, pues también es función de la Escuela generar una reflexión profunda y permanente sobre qué somos como sociedad, cuáles son nuestros principales problemas, cuáles son nuestros ideales, hacia donde deberíamos dirigirnos, y qué podemos aportar cada uno para lograr esa sociedad soñada. Pasar de una sociedad violenta a una no violenta exige una verdadera transformación, desde lo profundo de los corazones, pero también desde la razón.

Justamente, los rectores compartieron sus valiosas experiencias en donde se puede destacar el convencimiento de que pese a los contextos adversos deben seguir dando cuenta de su misión y, en ese sentido, no pueden permitir que otros ejerzan la función de la Escuela. Para ello han tenido que recurrir a diversas estrategias para adaptarse a los contextos complejos: flexibilizar los estándares, priorizar el "ser" y el "convivir" al "saber", manteniendo siempre a las I.E neutrales en el conflicto y asegurando que precisamente son ellas los sitios más seguros de resguardo para los niños, niñas y jóvenes en estos barrios. La prioridad ha sido mantener a los estudiantes dentro de las aulas, evitando que busquen otros objetivos fuera de ella como las armas y el poder.

El papel de los maestros y maestros de estas instituciones educativas fue destacado por sus rectores, al asegurar que ellos tienen y deben tener un perfil distinto para acometer su tarea: no deben tener miedo o deben estar dispuestos a aprender a enfrentarlo para convivir con él.

Otras de las coincidencias entre los rectores fue la de que enfrentan también un problema mayúsculo pues es muy baja la corresponsabilidad de las familias o acudientes de los estudiantes. Y peor aún, uno de los rectores precisó que la mayor carencia de los estudiantes en su escuela es la falta de afecto y amor, mostrando un panorama de disfuncionalidad de la familia que la escuela tiene que enfrentar. Eso sin contar con que los líderes de los grupos delincuenciales son, a su vez, los líderes de las comunidades, y los papás, tíos, etc. de los estudiantes, lo que agrava aún más la situación.

Los rectores pidieron flexibilizar y contextualizar desde los modelos pedagógicos hasta la forma de medir a dichas instituciones educativas, asimismo se pidió que aquellas instituciones que han sido más golpeadas por estos fenómenos puedan tener un trato diferencial. La Secretaria de Educación señaló que enfrentan un gran reto en cuanto todos los problemas de índole social en la ciudad terminan siendo llevados a la escuela en clave de nuevos cursos, asignaturas, entre otros, recargando la labor de las instituciones educativas que deben dar cuenta no sólo de los contextos adversos sino también de la baja corresponsabilidad de las familias.

Finalmente, hubo un reconocimiento a la gran labor que desarrollan estas instituciones, su personal directivo y sus maestros, que en tantas ocasiones es opacada por las noticias relacionadas con la violencia misma o por los resultados en pruebas de calidad que no ubican a la ciudad entre las mejores. Quizás con estos elementos de juicio seamos más conscientes de que bajos estos contextos tan difíciles, sin la labor decidida de los maestros, los resultados educativos en Medellín dejarían mucho más que desear.

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